Me agrada que la gente comparta sus malos viajes conmigo. Siempre es una forma de conocer a los demás, y tambien de conocerme a mí mismo. Este malviaje es ajeno, pero quien no ha estado obsesionado nunca, que arroje la primera piedra...Una vez más lo había logrado. Estaba fuera de mi cabeza.
Es difícil saber cuanto duró, pero pasaron varios meses. Muchos días sin pensar en él. Había regresado a mi vida, la misma mierda de siempre, ¿qué tenía de malo? Apesta, ¿y? Estudia, trabaja, embriágate. Lo puedo hacer. Fácil. Lo he hecho por años. ¿Necesito más? ¿Compañía, cariño, amor? No. Al menos me gustaría que esa fuera la respuesta. ¿Por qué no puedo olvidarme de él?
No sé siquiera cuando comenzó. Lo conozco hace años, pero antes era diferente. ¿Lo era? Sí, estoy seguro. Era un compañero más, un amigo. Pero cambié. Y entonces vi las cosas desde otra perspectiva.
¿Qué pasó? ¿Me enamoré? No estoy seguro y no me gustaría usar esa palabra. Yo diría que me obsesioné. Una obsesión por estar con otra persona. Con él. En todo caso, ¿qué diferencia puede haber? Un deseo, una aspiración que no conoce límites se apoderó de mí.
La primera vez debe haber sido en aquella fiesta. Salimos para ir a comprar algo y al regresar nos quedamos platicando afuera unos minutos. Recuerdo que él estaba recargado contra la pared y yo lo veía de frente sin prestarle importancia a lo que me decía. Sentía un impulso desesperado de lanzarme sobre él y besarlo. Tomar su mano, abrazarlo. Me imaginaba haciendo todas esas cosas y se sentía increíble. Debí hacerlo. Sólo imaginarlo me hacía sentir tan bien.
Pero ese día no hice nada. Tuve miedo. ¿Cómo podía saber si él sentía algo parecido, si los dos compartíamos esa misma emoción?
Me acuerdo de otra vez, estábamos fuera de la ciudad. Nos quedábamos en un hotel. Llegó la hora de dormir y yo esperé insomne varias horas. Deseaba que saliera de su cuarto y tocara a mi puerta. Me imaginaba lo que pasaría, todas las cosas que haríamos. Y mientras describía en mi cabeza como debía ser cada parte de su cuerpo aguardaba a que llegara y me tomara. Nos abrazábamos, nos acariciábamos. Lo imaginaba.
¡Lo único que pedía era una señal! Algo que me indicara que podía dar el siguiente paso, que lo que yo sentía sería correspondido.
Así fue durante mucho tiempo. Lo buscaba, íbamos a algún lugar. Pero no supe que más hacer. No me atreví a decir o hacer algo más. Luego nos alejamos y logré olvidarlo. Ahora casi no lo veo. Hoy sería imposible que estuviéramos juntos. Lo acepté y volví a mi vida.
Pero cada vez que lo consigo algo pasa. Esta vez me tuve que encontrar contigo. Te culparé a ti. Tú hiciste que lo recordara, me hablaste de él, de ustedes dos. Tú, con quien sólo debía tener una relación sin consecuencias, lo trajiste de nuevo a mi cabeza.
Quisiera hablar con él. Confesarle lo que siento. Contarle esta historia. Desearía tenerlo aunque fuera por un minuto.
Y después olvidarme de él.
Es difícil saber cuanto duró, pero pasaron varios meses. Muchos días sin pensar en él. Había regresado a mi vida, la misma mierda de siempre, ¿qué tenía de malo? Apesta, ¿y? Estudia, trabaja, embriágate. Lo puedo hacer. Fácil. Lo he hecho por años. ¿Necesito más? ¿Compañía, cariño, amor? No. Al menos me gustaría que esa fuera la respuesta. ¿Por qué no puedo olvidarme de él?
No sé siquiera cuando comenzó. Lo conozco hace años, pero antes era diferente. ¿Lo era? Sí, estoy seguro. Era un compañero más, un amigo. Pero cambié. Y entonces vi las cosas desde otra perspectiva.
¿Qué pasó? ¿Me enamoré? No estoy seguro y no me gustaría usar esa palabra. Yo diría que me obsesioné. Una obsesión por estar con otra persona. Con él. En todo caso, ¿qué diferencia puede haber? Un deseo, una aspiración que no conoce límites se apoderó de mí.
La primera vez debe haber sido en aquella fiesta. Salimos para ir a comprar algo y al regresar nos quedamos platicando afuera unos minutos. Recuerdo que él estaba recargado contra la pared y yo lo veía de frente sin prestarle importancia a lo que me decía. Sentía un impulso desesperado de lanzarme sobre él y besarlo. Tomar su mano, abrazarlo. Me imaginaba haciendo todas esas cosas y se sentía increíble. Debí hacerlo. Sólo imaginarlo me hacía sentir tan bien.
Pero ese día no hice nada. Tuve miedo. ¿Cómo podía saber si él sentía algo parecido, si los dos compartíamos esa misma emoción?
Me acuerdo de otra vez, estábamos fuera de la ciudad. Nos quedábamos en un hotel. Llegó la hora de dormir y yo esperé insomne varias horas. Deseaba que saliera de su cuarto y tocara a mi puerta. Me imaginaba lo que pasaría, todas las cosas que haríamos. Y mientras describía en mi cabeza como debía ser cada parte de su cuerpo aguardaba a que llegara y me tomara. Nos abrazábamos, nos acariciábamos. Lo imaginaba.
¡Lo único que pedía era una señal! Algo que me indicara que podía dar el siguiente paso, que lo que yo sentía sería correspondido.
Así fue durante mucho tiempo. Lo buscaba, íbamos a algún lugar. Pero no supe que más hacer. No me atreví a decir o hacer algo más. Luego nos alejamos y logré olvidarlo. Ahora casi no lo veo. Hoy sería imposible que estuviéramos juntos. Lo acepté y volví a mi vida.
Pero cada vez que lo consigo algo pasa. Esta vez me tuve que encontrar contigo. Te culparé a ti. Tú hiciste que lo recordara, me hablaste de él, de ustedes dos. Tú, con quien sólo debía tener una relación sin consecuencias, lo trajiste de nuevo a mi cabeza.
Quisiera hablar con él. Confesarle lo que siento. Contarle esta historia. Desearía tenerlo aunque fuera por un minuto.
Y después olvidarme de él.

